Lo que sienten tus hijos adolescentes y no te cuentan

Cuando se tiene un hijo adolescente se produce un <aparente distanciamiento> afectivo que entristece y preocupa a los padres: <No me cuenta nada>, <rechaza las muestras de afecto>, <no sé lo que siente o piensa>. A pesar del dolor que causa esta situación es <aparente> y temporal. Para tranquilidad de muchos padres, aunque vuestros hijos no se cansen de repetiros: que no quieren saber nada de vosotros y que lo único importante son sus amigos y el ocio con ellos… Os quieren y os necesitan, lo dicen las cifras: <Al 75 por ciento de los adolescentes les gusta estar en familia> (Estudio avalado por el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad). Luego sus padres siguen siendo referentes importantes.

Reflexionando acerca de lo que los hijos sienten y muchas veces no dicen, copio una carta que un adolescente dirigió a sus padres.

(Fuente: Rocío Ramos-Paúl y Luis Torres)

 

Queridos papá y mamá:              

Estoy en un momento complicado, estoy cambiando mucho por dentro y por fuera, no sé muy bien cómo encajar todo esto que me ha pillado por sorpresa. Sé que vosotros también pasasteis por lo mismo. Con esta carta intentaré explicaros cómo me siento y qué necesito de vosotros.

    A veces pienso que no sé quién soy, para averiguarlo me sobran los gritos, las regañinas y me hace falta cariño y aceptación.
    Mis preocupaciones os pueden parecer tonterías, para mí son importantes y cuando lo entendéis dejo de estar a la defensiva y dispuesto a escuchar vuestras sugerencias.
    Me encanta cuando cambiáis vuestra cantinela de <No te soporto más, eres un niñato, no hay quien te aguante> por la de <Te quiero mucho aunque ahora estoy enfadado contigo>. Siento que tengo que hacer algo para arreglar la situación, para que volvamos a reírnos.
    No me siento nada bien cuando me comparáis con otros chicos de mi edad. Yo soy así, distinto a todos ellos. Se me dan mejor algunas cosas que otras. Lo digo porque os empeñáis en hacerlo cuando llegan las notas y, ¡oye!, yo me esfuerzo pero no soy un lumbreras. Ya os digo, diferente al resto. Ni mejor, ni peor.
    Cuando era pequeño hablábamos de lo que podría ser de mayor: astronauta, arquitecto o futbolista. No parece que vaya a cumplir vuestras expectativas, ya lo siento. Pero hay algo que me decíais continuamente y que ahora recuerdo todos los días <Sé feliz hijo. Sobre todo, sé feliz>. Creo que os debo a vosotros esta reflexión: <prefiero ser un buen empleado que un mal jefe>. Yo no valgo para ser astronauta pero encontraré la profesión que me haga feliz.
    Me enfado mucho, lo sé y lo siento. No sé muy bien cómo controlarlo. Ningún mar en calma hizo experto al marinero; así que os agradezco que durante este periodo de oleaje hormonal y emocional me ayudéis a enfrentarme a las dificultades con sosiego; cómo lo haga determinará mi transformación en adulto.

    Si me dejáis hacer lo que me dé la gana, me sentiría perdido y creería que no os importo. Así que por favor ponedme normas, aunque trate de saltármelas, mantenedlas. Sé que os molesta que esta casa se parezca a un hotel, siempre me lo decís,  he pensado en ello las horas que paso encerrado en mi habitación y creo que tenéis razón. Como ando despistado podemos poner en la cocina un cuadro con las tareas de cada uno al día…eso sí no os paséis, que entre que llego a casa cansado del instituto, las horas de estudio, el salir con mis amigos y dormir…ando justo de tiempo. 

    No me gustan las críticas, pero reconozco que tenéis razón cuando decís que tengo todo tirado por el suelo, que lo recoja o que tengo que esforzarme más en mis tareas. En cambio, me parece muy injusto escucharos decir que soy un vago, que no hago nada bien, que soy un desastre. Cuando lo hacéis me enfado porque me siento muy dolido.
    Me encanta estar con mis amigos, ellos no me persiguen por la casa para echarme broncas por todo. Espero que os gusten pero también os advierto que mis amigos no os tienen que caer bien a vosotros, solo a mí. Entiendo que os preocupéis si salgo con <malas compañías>, pero, papá, mamá, nadie es perfecto; soy mayor y sé lo que me conviene. Durante mucho tiempo me habéis explicado las consecuencias negativas de beber, fumar o drogarse; tranquilos, las tengo muy presentes. 

    Entiendo vuestro agobio cuando paso horas delante de las pantallas: el ordenador, el móvil. Ahora mucho de lo que hago depende de estar ahí. De hecho estáis leyendo esta carta delante del ordenador… No os preocupéis, nunca envío fotos mías comprometidas, a saber quién las verá… ni hablo con desconocidos y si alguien me molesta le bloqueo sin contemplaciones. Las nuevas tecnologías me ayudan a relacionarme y me facilitan la vida; tranquis, sé utilizarlas, si queréis algún día os puedo dar unas clases. Me encanta estar informado en el momento de todo por eso no me despego del móvil, reconozco que a veces me cuesta echar el freno pero para eso ya estáis vosotros atentos para negociar el tiempo que estimáis razonable. ¿Veis? os sigo necesitando. Escribiendo esto se me ocurre comprometerme a partir de ahora a no llevar el móvil a la mesa, ¿os parece?
    Echáis de menos esas tardes en el sofá, acurrucados, viendo una película juntos o esos ratos de juegos de mesa. Lo sé porque a mí también me gusta recordarlas pero mis intereses han cambiado. A cambio intentaré ser más cariñoso con vosotros y daros besos más a menudo… Sé que os gustan… A mí también, aunque me cueste darlos. 
    En este momento de mi vida estoy tratando de buscar mi estilo. Es probable que vista con ropas que os chirrían o mi peinado sea algo estrambótico, o crea que con un piercing en la nariz estoy más guapo. He visto vuestras fotos de jóvenes y también tuvisteis vuestro <momento de gloria>… Si me aceptáis con mi aspecto actual, esto pasará y adaptaré mi aspecto físico a mi edad y a mis circunstancias.
    Estoy en una etapa de probar cosas nuevas, tengo que equivocarme como hicisteis vosotros. Sé que vosotros vais a estar ahí siempre, pero no intentéis quitarme las piedras del camino, fiaros de mí y dejad que me equivoque. Calmaos, he tenido buenos maestros y sé cómo hacerlo.
    Podría pasar horas escribiendo lo que me gusta de vosotros: mamá, me encanta pasar tiempo contigo, que me preguntes cosas del ordenador, aunque a veces te llame pesada. Papá, son geniales tus consejos sobre las chicas, aunque me ponga rojo y evite hablar, me vienen muy bien.
    Os quiero muchísimo, no podía haber tenido mejores padres en la vida. Espero que el día de mañana mi hijo pueda decir lo mismo de mí.

   Vuestro hijo adolescente

 

 

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